COSAS DE LA DEMOCRACIA

También en Calvià el fin justifica los medios

por Pedro Merino(*)

 

   Los argumentos, recursos y trampas, para alcanzar el poder, son una cuestión de estrategia de partido, de equipo aspirante, de eliminación del contrincante.

   Todos prometen cambiar la sociedad, cantan las alabanzas de su propuesta a quien les escucha, prometen cambios milagrosos, si llegan al poder, menos trabajo, mejores sueldos, Acabaran con la corrupción y los favoritismos, gestionarían mejor los presupuestos, no enchufaran a sus familiares en puestos inútiles con sueldos de ejecutivos, gestionaran mejor el Desarrollo Sostenible no recalificando nuevas parcelas para mas cemento, y la política social llegara hasta la India por lo menos.

   A esto se le llama Programa Político de gobierno, que consiste en la elaboración de una lista de reivindicaciones ciudadanas (estilo, que hay de lo mío?) y que consiste en vender un cambio general y divino, de la política Económica, Social, Laboral, Empresarial, Deportiva y Festivalera, para que nadie se entere de que "Uno dice lo que sabe, pero no sabe lo que dice"

   Muy propio de aquellos políticos que saben que la política es aquello que quieren oír sus votantes y se dejan aconsejar por los que aspiran a sus prebendas y/o favores cuando obtengan el poder.

   Como consecuencia, se plantea la disyuntiva de que si uno no gana, no tiene la posibilidad de hacer feliz al escuchante, y entonces debe optar por la eliminación del contrincante por los medios que proporciona una Democracia basada en la Información, la Justicia y el deseo de hacer feliz al Ciudadano. En caso de que la masa, llámese el Ciudadano, no se crea lo del Programa Político, que promete un cambio divino para resolver su futuro, se utiliza lo que los Americanos llaman, la Ciencia del Rumor, un método en el que los Españoles somos Catedráticos por derecho propio y que cosiste en ese famoso dicho de (Critica que algo queda) o denuncia que algo queda, y que suele calar rápidamente en las mentes ofendidas e interesadas, de aquellos que ejercen la Oposición, bien política, bien ciudadana o no han recibido los favores esperados.

   Si a todo esto le añadimos la correspondiente dosis de Filosofía Política de los Administradores Públicos de nuevo cuño, estilo Partidos Nacionalistas, Regionalistas, Europeistas, Independentistas etc. nos encontramos con que para organizar un municipio pequeñito pero con un jugoso Presupuesto, y puesto que dependemos de la Bisagra, buscamos una negociación a gran escala de las Áreas o Carteras a Administrar, en función de esos Presupuestos que cada cual debe administrar, algo indispensable para la buena armonía del Gobierno en común entre Socios, Tránsfugas y similares, y naturalmente, bendecido por las altas Instancias del Reino.

   Y la pregunta es ¿ Que pintan aquí los ciudadanos de Calviá?. Nada. Una cosa es administrar los intereses del partido y de quien lo representa y otra administrar los intereses de los ciudadanos. Nada que ver.

   Esto demuestra que la madurez de nuestra democracia es siempre proporcional a los errores y aciertos de nuestras papeletas.

(*)Pedro Merino es presidente de la asociación de Bares y Restaurantes