Conde-Pumpido decreta el aprobado general para Margarita Nájera por Eduardo Inda*

 


    Que Margarita Nájera no salió del Ayuntamiento de Calvià al estilo Azaña -con una mano delante y otra detrás- está claro y que es una suertuda cuando no una aprovechategui está requeteclaro. Pero ni la más calenturienta de las mentes podía intuir que su suerte judicial quedaría echada en un abrir y cerrar de ojos. Alguien que sabe de qué va la vaina me cuenta que el fiscal general del Estado ha ordenado directa o indirectamente al delegado de la Fiscalía Anticorrupción en Baleares, Juan Carrau, que pida el archivo de todos y cada uno de los seis o siete casos en los que está envuelta la más que presunta Nájera. Digo ordenado como podría haber dicho aconsejado que, para el caso, viene a ser lo mismo.

Los que olíamos a tongo hacía meses -tantos como los que han transcurrido desde el 14 de marzo- confirmamos nuestras peores sospechas hace ocho días al enterarnos que el fiscal anticorrupción no observa delito ni nada que se le parezca en la adquisición con fondos públicos de joyas varias, pañuelos de Loewe y trapitos de Cerruti, Ralph Lauren, Façonnable y Ermenegildo Zegna. Tampoco le parece censurable que la alcaldesa echase mano de la caja municipal para hacer unos regalitos a su peluquero, a su depiladora y a su esteticién -generosa que es ella-. Debe ser que el dinero público está para estos simpáticos menesteres y yo no me he enterado.

Que yo sepa Juan Carrau tampoco se puso colorao al incluir los periplos internacionales de la interesada dentro del apartado «de indudable finalidad pública». Para él es normal que la alcaldesa de un municipio mediano tirando a pequeño viaje por medio mundo como si fuera el baúl de la Piquer o que se haga un tour en helicóptero por Manhattan con cargo a los paganos de siempre. ¿Se acuerdan? Sí, ese vuelo que la gerifalte socialista justificó con un argumento que suena a inmisericorde tomadura de pelo: «Nuestro objetivo era analizar la trama urbana de Nueva York». A lo mejor es que pensaba trasplantar el skyline de la Gran Manzana, en el que el edificio más bajo tiene 30 ó 40 plantas, a Calvià. Lo cual, dicho sea de paso, sería aún más sangrante.

Acongoja que a un tipo con bien ganada fama de serio como Cándido Conde-Pumpido se le haya pasado siquiera por la imaginación dar un aprobado general a Margarita Nájera. Pongamos que lo de los gastos suntuarios con cargo al erario calvianer tiene un pase y aceptemos que entre las obligaciones de la alcaldesa de un municipio de 41.000 habitantes está el recorrer el mapamundi cual Phileas Fogg. Pero lo que nadie en su sano juicio moral comprendería es que diera carpetazo a escandalazos como ese do ut des con el recaudador municipal: el marido de Nájera le compró un solar a un precio de risa -cinco veces por debajo del de mercado- y días después el Ayuntamiento renovó y mejoró el contrato al cobrador. Por menos de una casualidad así en los Estados Unidos vas a la cárcel.

Tres cuartos de lo mismo sucedería si quedase en agua de borrajas la graciosa concesión al Western Park de una licencia de obras que se pasó por la entrepierna la legislación urbanística. Al lector le bastará -y le sobrará- con conocer quién es quién en toda esta historia para salir de dudas. La arquitecta que presentó el teóricamente ilegalizable proyecto es casualmente la hermanísima (Isabel Nájera) de la ex alcaldesa y el cliente de la hermanísima de la ex alcaldesa es ese filántropo que intentó repetir la jugada en el MegaPark de Palma hasta que los aguafiestas de EL MUNDO descubrieron el pastel. O sea, Cursach.

Ni qué decir tiene que sería una prevaricación de tomo y lomo que el caso Maquiavelo también le saliera gratis total. «¿Y de qué va el caso Maquiavelo ?», se preguntarán los lectores más olvidadizos. Pues, lisa y llanamente, es la elaboración de un documento estratégico -al más puro estilo de los spin masters que asesoran a Bush o Blair- en el que se daban una sinfín de maquiavélicos consejos al equipo de gobierno para ganar las elecciones municipales de 1999. Hasta ahí todo normal o medio normal. El problema es que Margarita Nájera volvió a tirar con la pólvora del Rey al pasar al Ayuntamiento de Calvià una factura que debería haber astillado el PSOE.

La culpa de que el cándido de Conde-Pumpido pueda canonizar a Santa Margarita Nájera no es ni del uno, ni de la otra, ni siquiera de Juan Fernando López-Aguilar y tampoco de un José Luis Rodríguez Zapatero al que por lo que sé estas cosas gustan lo justo. La culpa es de quien se lo consiente que no es una persona física sino una Constitución que nos ha dado muchas alegrías en sus casi 26 años de vida pero que no es perfecta. Que la división de poderes es una entelequia lo dijo clarito, clarito, Alfonso Guerra: «Montesquieu ha muerto».

Que los políticos españoles estén siempre por encima del bien y del mal por obra y gracia del fiscal general es responsabilidad exclusiva de los legisladores constituyentes. Para comprobar cuanto estoy diciendo basta repasar el artículo 124.4 de la Carta Magna: «El fiscal general del Estado será nombrado por el Rey a propuesta del Gobierno una vez oído el Consejo General del Poder Judicial». Más claro, agua.

Como quiera que el Rey reina pero no gobierna y como quiera que el Consejo General del Poder Judicial es una fidelísima representación de los equilibrios políticos, es el Gobierno el que tiene la sartén del fiscal general por el mango. El presidente lo nombra y el presidente lo echa. Resumen: el presidente manda. Conclusión: los miembros del partido gobernante son intocables so pena de que les pillen in fraganti asesinando a una viejecita. El fiscal general fue el ángel guardián de los Vera, Barrionuevo, Corcuera y cía en el tardofelipismo y de los Alierta, Botín, Piqué y demás en el aznarismo. Todo lo cual sirve para colegir que detrás de la más que posible salvación de Santa Margarita Nájera se esconden bastardos intereses que nada tienen que ver con la Justicia y sí mucho con la política. Cándido Conde-Pumpido está como todos los fiscales generales que en el mundo ha sido: a mandar.

Ya digo que los socialistas no están haciendo un uso ni mejor ni peor de la que entre bastidores se conoce como Fiscalía General del Gobierno. El anterior fiscal general del Gobierno, el inenarrable Jesús Cardenal, tampoco dudó en coquetear con la prevaricación en el caso Alierta . Hizo lo divino y lo humano para tapar el mayor caso de información privilegiada conocido en España: el pelotazo de 309 millones de pesetas perpetrado en Tabacalera por el ojito derecho del anterior Ejecutivo.

En fin, que es sencillamente indignante que se corra un tupido velo o se canonice a una Margarita Nájera que ha protagonizado la versión posmoderna del milagro del pan y los peces. Yo de Zapatero me cargaba al soso de Pedro Solbes y lo sustituía por esta mujer que ha demostrado que es posible comprar duros a peseta. Si maneja el patrimonio de todos con el mismo éxito que el suyo estaríamos ante la mejor ministra de Economía que vieron los tiempos.

La mártir Nájera aterrizó en el Ayuntamiento poco menos que con lo puesto y se despegó con un capitalito que se resume en el imponente Rolex -que no Trolex- de oro y acero que luce en su muñeca izquierda. La diosa fortuna tampoco le ha dado la espalda a su ¿ex? marido, Manuel Barajas Rico. Esa prueba del algodón que es el Registro Mercantil certifica que el hombre que estuvo matrimoniado con la interfecta hasta hace dos años tiene o ha tenido -ahí es ná- ¡¡¡17 empresas!!! Diecisiete empresas que son fruto del sudor y del trabajo bien hecho de este self made man .

Ojalá me hayan informado mal y la Justicia quiera que me equivoque en mis predicciones pero mucho me temo que, les guste o no, Juan Carrau y Bartolomé Barceló van a tener que pasar por el aro que sujeta el cándido Conde-Pumpido. Lo de la dependencia jerárquica es legalmente sagrado en la Fiscalía. Si el jefe te dice que te tires por la ventana, te tiras por la ventana. Y no hay más que hablar.

* Director de El Mundo/El Día de Baleares. Publicado el 24-10-04