En propia puerta

por JOAN PERICÀS (*)(**)


El Consell de Mallorca estaba dispuesto a dar luz verde a la construcción de hasta 520 viviendas en unos terrenos rústicos de 63.000 metros cuadrados en Son Massot (Calvià) a cambio de la demolición de un edificio de apartamentos y restaurante en primera línea, el Vistamar, en la Bahía de Sóller. Lo primero que a uno se le ocurre ante la noticia es preguntarse sobre el avispado empresario que ha conseguido que la administración insular autorice tamaño trueque. Que un grupo de empresarios persigan ganar dinero no es criticable. En cambio, los principios que deben inspirar la actuación de una administración como en este caso el Consell Insular de Mallorca son, o deberían ser, diametralmente opuestos; es decir el Consell debería colocar el interés general de toda la población por encima del interés particular de un promotor. En este caso, el Consell no sólo permite una excepción a su regla de sólo edificar viviendas de protección oficial, sino que da carta blanca a viviendas que se venderán a buen precio

En este sentido, quien parece haber 'equilibrado' a favor del bien común no es precisamente el Consell, sino el Ayuntamiento de Calvià. El consistorio, tras negarse en redondo a aceptar una reconversión como la que se 'colaba' en el Plan Territorial, consigue reducir de 520 a 395 las viviendas a edificar y además impone una serie de condiciones: la creación de un aparcamiento de unos 10.000 metros cuadrados en el área de Son Massot, la demolición de la guardería de Magaluf para ejecutar un equipamiento sociocultural, destinado a los jóvenes de la zona, y la construcción de un espacio público en Son Caliu, con un polideportivo y una piscina cubierta. La actuación de las dos administraciones difiere en lo más básico. El Ayuntamiento, ante un hecho casi consumado consigue contraprestaciones; el Consell se deja convencer sin contraprestaciones. ¿O no?

Jesús Boyero , que a estas alturas ya no necesita ser presentado como yerno puesto que se le suponen virtudes de intermediación propias, es quien coloca la pelota en el punto de penalti. El Consell lanza el pelotazo y el consistorio consigue desviar el esférico al palo pero no evita que entre la red. Nosotros, usted, yo, su cuñado y su suegra, observamos atónitos como nuestro equipo marca en propia puerta.

(*) Periodista
(**) Publicado en El Mundo / El Día de Baleares el día 4 de diciembre de 2004

 

 

 
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