Los pelotazos

ROMAN PIÑA VALLS (*)


Lloraban por la emoción, se quedaban sin habla asfixiados por la euforia, descorchaban champán, manteaban al héroe en una espuma de brazos, no podían creerlo, victoria, victoria, estaban paralizados por ese cosquilleo maravilloso que invade los cuerpos cuando un sueño largamente acariciado se hace realidad, los abrazos se multiplicaban, se extendían como una gran capa para no dejar a nadie fuera, caían nuevas lágrimas, hurras y gritos de brindis, el cava bajaba por los cuellos, los nervios rotos se recomponían con el bálsamo de la sangre corriendo loca por las venas, con el tam-tam de los corazones victoriosos, con el sentimiento del clan fortalecido, el orgullo del trofeo deslumbrante exhibido con la impunidad de los héroes.

No hablo de Sevilla y de unos jugadores de tenis, sino del yerno de Pedro Serra y sus cercanos, de un señor que obtiene victorias sin sudor, casi sin entrenamiento, con el único activo de unos buenos contactos y un teléfono móvil con muchas baterías de recambio. Los pelotazos de Nadal y Moyà en la Copa Davis han llenado portadas de periódicos estos días, pero han quedado deslucidos ante el pelotazo mayor del señor Boyero , que ha conseguido, con las bendiciones del PP, una recalificación de un terreno rústico en urbanizable con beneficio de 36 millones de euros.

Lo de menos es que desaparezcan veinte mil pinos, que ya es delito, o que aparezcan como caulerpa taxilofia cuatrocientos pisos en los suburbios de Magaluf. Lo apestoso de esta nueva banderilla en el lomo de nuestra moribunda isla es que un señor se lucre de manera tan escandalosa, que la especulación sea un deporte tan elitista y que los de siempre arreen su mate tan tranquilos.

Ayer salían muchos anuncios en prensa felicitando a los mallorquines ganadores de la Copa Davis. El ayuntamiento de Manacor puso un anuncio para celebrar que Nadal ha hecho historia. Lo que me extraña es que no salieran anuncios, pagados por el Consell o el ayuntamiento de Calvià, felicitando al señor Boyero por ese pelotazo histórico. Está claro que esta isla sigue siendo una cantera de lanzadores de pedruscos, pelotas y recalificaciones, de primera fila. No es cosa de raza, sino de influencia del medio. En un terruño tan limitado, apuntar bien es básico para la supervivencia. Un hondero balear o acertaba con su china al pájaro que debía meter en su olla o le daba a su propia madre.

No es casual que seamos los mejores en pelotas de tenis y en pelotazos inmobiliarios. Los que luego pagarán durante toda su vida la hipoteca de esos pisos que Boyero va a levantar en Calvià, se preguntarán cómo funciona eso del tenis. Boyero lanzó a la pista contraria un hotel en ruinas y la bolea le devolvió una finca llamada Son Massot, que escondía bajo una piedra un mapa del tesoro.

 

(*) Publicado en El Mundo-El Día de Baleares, 7-12-2004

 

 
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