De Margarita Nájera y otros


GUSTAVO CATALÁN (*)

Doy por sentado que cuanto voy a decir ha sido ya evaluado por el acusador e instancias superiores de su partido, y que el empeño en proseguir la dilatada campaña contra la ex alcaldesa no es fruto de la improvisación o consecuencia de una convicción -sine materia, a falta de pruebas-. Más bien suena a cálculo: el de los réditos políticos que puedan obtenerse mediante la difamación; por socavar la honra.
En tales circunstancias, no hay reflexión capaz de modificar actitudes y comportamientos si no lleva aparejada la evidencia de un fiasco respecto al objetivo. Como ello es imposible de momento, estas líneas pretenden únicamente el somero repaso de fondo y maneras. En cuanto a las segundas, cuestionar las conclusiones del fiscal como ha hecho el alcalde del municipio representa una aporía, una dificultad lógica cuya solución se me escapa. Con la cera que arde -muy poquita cera. Ni cera alguna, vaya, a tenor de lo leído en los folios de conclusiones- el sostenella habla por sí solo. El fiscal argumenta que no se han presentado ni siquiera indicios de malversación y, de obrar en poder de la acusación, los habría empleado en primera instancia, digo yo. Aunque sólo fuera para evitarse el bochorno de un rapapolvo, pues eso es lo que se traduce al leer sobre la inconsistencia de la documentación en que se basan lo que pueden tildarse -ya confirmada la mera intuición- de infundios.
A partir de ahí, el sucesor en el cargo de la encausada -cualquiera puede serlo, sucesor o encausado, con esos mimbres- manifestó en el pleno del 25 de noviembre no haber recibido todavía (las conclusiones fueron publicadas por Diario de Mallorca el 16 de octubre) el auto judicial, a pesar de que su socio en el gobierno municipal, de UM, le hiciese entrega del mismo. ¡Pero bueno!, ¡si hasta un servidor, simple espectador de la persecución, lo ha conseguido sin esfuerzo! Quizá preocupe poco a la acusación el resultado de sus maquinaciones y le baste con poner el honor ajeno en almoneda, lo cual dice bastante del talante y redundaría en la hipótesis del principio: la de los réditos.
Intereses futuros y también cortina de humo para el presente cuando pintan bastos, porque es de ver como el "caso Nájera" asoma, cual ojos del Guadiana, en cuanto un escándalo se cierne sobre el Partido de la acusación. Se diría que se ha prendido una hoguera, artificialmente mantenida, para tener humo a disposición cuando convenga. Sin embargo, las falacias debiera llevar aparejada la asunción de responsabilidades. Porque no es ético. En política, como en otros órdenes de la vida, no vale todo, y la ejemplaridad de los cargos públicos -y ahí el fondo- debiera estar por encima de las estrategias. Ése sería, en mi criterio, el camino que lleve a consolidar la fe en el sistema que nos hemos dado. La civilidad necesita sin duda del buen hacer, y honestidad versus conveniencias coyunturales es un dilema cuyo planteamiento, ya que no solución, se está echando en falta en el caso que nos ocupa.

El vendaval de insidias habrá afectado -¡qué duda cabe!- a Margarita Nájera, aunque también se deje sentir en las conciencias de otros muchos. ¿Y ahora qué? -se dirá ella-: su imagen pública se ha visto comprometida, cercenada su vocación y habrá debido cargar con el veneno de la sospecha hasta un sobreseimiento que no restituye vírgenes los meses, quizá los años, de injustificado acoso según indica el fiscal, aunque el empecinado acusador no quiera darse por enterado. "La mecánica de solicitud de gastos fue correcta, la tramitación fue intervenida y supervisada...", y tras el viejo adagio: "difama que algo queda", ¿ahora qué? Pues, para escribirlo claro y corto, un desagradable olor, el de los excrementos que ya no orea el viento. Se trataba de eso: sus propias deyecciones para ensuciar una trayectoria que incomodaba.
Así es como pueden juzgar muchos ciudadanos los hechos reseñados. Y, conviene destacarlo, la mayoría del municipio de Calvià, toda vez que el Pleno decidió dar por buenas las conclusiones del fiscal. A partir de ese instante, alguien podrá argüir que se pretende bloquear la investigación exhaustiva; sin embargo, la prosecución en el ejercicio de la maledicencia utilizando los resortes legales puede convertir a la ex alcaldesa -y por extensión a cualquier ciudadano fastidioso- en víctima inocente del proceso inquisitorial. Quizá durante tantos años que pueden acabar por arruinar su vida.

Llegados aquí, apostaría a que el tiempo de los gobernantes debiera emplearse de mejor forma. Y si alguien, por animadversión personal, idiosincrasia o mezcla de ambas, quisiera ejercer de vengador justiciero, advierta que a poco que se descuide enseñará la pata hasta el corvejón, como decía mi abuelo. Escribía el fiscal que "Resulta extraño que la denuncia no se dirija contra la totalidad de las personas que figuran en los documentos...", pero es que, además, para saciar sus voraces apetitos de corruptela puede acudir a otras causas de mayor enjundia. Incluso en su entorno político próximo y con menos pronunciamientos favorables. ¡Ahí sí que tendría un apetitoso filón!

(*) publicado en la Sección Opinión" del Diario de Mallorca, 8-12-2004

 

 

 
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